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LA CULTURA ENTRE COLUMNAS

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LA CULTURA ENTRE COLUMNAS DE:

Milton Susilla ©

Con la venia de todos ustedes:

Esto también es México, donde la miseria y el hambre se hacen presentes día a día, donde nuestros niños no tiene acceso a la educación y a los servicios de salud, donde las mujeres son víctimas de violencia de toda índole, donde nuestras familias sobreviven con sueldos de miseria y padecen la inseguridad fruto de un gobierno fallido, donde la desigualdad social impera y duele, esto también es México y no sólo las suntuosas y pirotécnicas fiestas en Palacio Nacional, los Pinos o en el país próspero e imaginario de nuestros alucinados políticos que viven sin posar sus plantas en nuestra sagrada tierra. Ahí, en los rincones más pobres de nuestro querido México, ahí, ¡también hay Patria!

Nos encontramos reunidos en el marco de la celebración del día más importante para los mexicanos, es donde todos sin importar ninguna condición, nos hermanamos y nos deshacemos de nuestras diferencias, como buenos mexicanos se nos hincha el pecho de orgullo al ver en lo alto nuestra bandera nacional y un escalofrió recorre nuestra dermis cuando entonamos nuestro glorioso himno. En este momento, rendimos homenaje no sólo a los grandes hombres, sino a todos aquellos héroes anónimos que nos dieron patria.

Nuestra Patria, es un hermoso conjunto policromo, que se mueve dentro del marco formado por nuestras fronteras materiales, que encierran las más grandes bellezas de panoramas, que extasían la mirada, elevan el pensamiento y entusiasman el corazón.

Los hechos gloriosos que consagraron a nuestros héroes, fueron precisamente en la defensa de nuestras leyes, de la integridad de la tierra, de la independencia y la libertad que nos legara el noble sacrificio de nuestros mayores, hoy y siempre reconocemos la sangre de nuestros hermanos, vertida en los campos de la lucha, en aras de la redención social.

Mexicanos somos legítimos herederos de las leyendas, de las tradiciones hilvanadas en torno a las viejas pirámides y demás monumentos dispersos en las áreas donde florecieron las culturas prehispánicas, en donde campea aun el espíritu batallador de los hombres fuertes y colosos que con valor desmedido forjaron nuestra nacionalidad; México es el terruño donde abrimos los ojos a la luz y en donde duermen los restos de nuestros antepasados, la tierra donde se levanta desde la choza hasta el palacio más ostentoso y que han servido de morada al hombre en su paso por la vida material.

Ser patriota, es el sentimiento profundo que vincula y concatena al hombre con el pasado, con el presente y con el futuro, el respeto para todo lo que simboliza nuestra comunión de ideas, de lenguas y de costumbres, el firme propósito de resolver nuestros propios problemas con nuestras propias fuerzas físicas, intelectuales, materiales y espirituales, es el deseo de compartir el sacrificio grande y noble de Cuauhtémoc, de cooperar en la lucha del movimiento liberal de independencia iniciada por Hidalgo y Morelos, de arar a cada paso la meditada y serena justicia del Benemérito Juárez y el entusiasmo de alcanzar un glorioso nombre y un elevado puesto para México en las naciones.

Así, es como concibo a mi Patria, la Patria nacida del calor de la dolorosa experiencia, que nos trajo la conquista, que no hizo, sino herir profundamente a nuestra raza con la imposición salvaje de su lengua, de sus costumbres y de su religión, que no hizo sino estrujar despiadadamente para su propio beneficio el corazón del indígena, sometiéndolo sin ninguna consideración a la más oscura esclavitud, ellos, nuestros hermanos menos favorecidos de siempre, aun tienen en su mirada la tristeza que les imprimió la codicia y la explotación de los hombres blancos y barbados de la España de Cervantes.

Así, pienso a mi Patria, nacida del fervor y del heroísmo de los hombres que se irguieron con altivez y con valor, para arrancarla de la cruel miseria, de la injusticia y de la ignorancia que impuso el conquistador, para darle un mejor destino como nación libre e independiente.

Mexicanos, cuando hayamos conocido, amado y servido a nuestra Patria, habremos hecho su felicidad, y para conocerla no basta su retrato a través de las páginas de la historia, de la geografía o de otros textos que nos la pintan con bellas pinceladas, ni haber viajado por sus distintas latitudes en que admiramos toda la grandeza que el Gran Arquitecto derramó sobre estas bendecidas tierras mexicanas, hay que amar a la patria, y amarla intensamente con una actitud serena y consiente, como Guerrero la amó, anteponiéndola, porque la Patria es Primero.

Amar a la patria, es romper los obstáculos que el egoísmo humano puso un día, para llamarlos fronteras, por amor a la patria, se debe sentir el deseo más vivo de contribuir a su progreso, amar a México es servirlo con todas nuestras fuerzas, y no solamente con las armas en la mano, defendiendo su integridad y su decoro, ahora, lo debemos hacer procurando su soberanía y el bien común. México es un país que aún se construye, que necesita del consorcio de todos los hombres libres y de buenas costumbres para llevarlo por rumbos que consoliden la nacionalidad, incorporando a las razas indígenas a las esferas de la libertad, la igualdad y la fraternidad, propugnando por su clase trabajadora, promoviendo su bien social como un derecho del hombre y no despojándolo de los logros obtenidos en la lucha obrera universal, debemos arrancar de raíz los vicios de la corrupción y la impunidad, que nos envenenan día a día, estos actos no solo empobrecen y marginan, sino, que se han vuelto un cáncer social. Debemos sin duda mejorar la calidad educativa, en beneficio de nuestros niños y jóvenes, debemos hacer una reforma educativa, pero sin dejar de reconocer, el mérito, el esfuerzo y el compromiso de los educadores de nuestro país, a ellos nuestra más elevada gratitud, el reconocimiento moral, pero también el económico.

Debemos salvaguardar las riquezas de nuestra Patria, atesorándolas por el bien de todos. Los bienes de la nación deben de servir al pueblo de México, y no, a unos cuantos nacionales o extranjeros, se ha luchado durante muchos años por hacer de México una nación independiente, libre y emancipada, como para dar un paso atrás en el beneficio del patrimonio de todos los mexicanos.

Que los niños y jóvenes recuerden bien a nuestros héroes, a los sacrificios que por el bien de la patria hicieron, que sigan su ejemplo y defiendan a esta nación de los abusos de propios y extraños, que conozcan la historia que nos forjo como nación y que luchen si es necesario por las causas sociales justas que necesite México. Porque el olvido es una alta traición.

Amar a la patria, es exigir la igualdad ante nuestras leyes y exigir su cumplimiento, porque respetar las leyes es darle el verdadero valor a nuestra soberanía y terminar con la miseria, con la incultura, con los prejuicios y con el fanatismo, es colocar a México en la cúspide de las aspiraciones de la justicia social.

La vida de nuestra patria ha sido una continuada lucha, pero una lucha necesaria por la defensa de sus derechos, por el honor de sus hijos y por la nobleza de sus aspiraciones.

Y ahora que el nuevo modelo económico capitalista amenaza a los pueblos del mundo, ensombreciendo a la clase trabajadora, con tendencias de una nueva forma de esclavitud, México, debe poner su corazón al lado de su pueblo, ser sensible a las necesidades de las mayorías, tomando un rumbo donde naveguemos en aguas que nos permitan una mejor educación, prosperidad para las familias y un desarrollo económico que se vea reflejado en el poder adquisitivo de las masas, porque solo de este modo alcanzará los verdaderos anhelos de su existencia.

Para velar por México no habremos de perder de vista el valor inapreciable que en los hombres representa el tesoro de la juventud, porque son la esperanza de la sociedad y de la patria, la juventud lleva grabada en su corazón el signo que simboliza la fuerza y el germen del progreso. El entusiasmo de esta juventud debe canalizarse de tal modo, que todo su aliento y esfuerzo sea arrebatado de los reductos que el fanatismo prepara para mantenerle aferrado dentro del oscurantismo en que se debate la razón.

Para conmemorar el inicio de la gesta heroica de independencia, los invito a brindar simbólicamente en nuestros corazones, por nuestra amada Patria, por el servicio que debemos brindarle, fuente que produce y engrandece. Que cada uno de nuestros sentimientos se transforme en una acción que renueve y prepare el mejor porvenir de nuestro país. Debemos estar contentos y satisfechos por el deber cumplido esta mañana durante este acto cívico, recordemos que la patria no sólo es esta tierra donde nacimos o los mares que acarician sus costas, la patria hermanos, la patria, somos todos.

Es cuanto.

 

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